De importantes exportadores de cacao a
volver a ser importantes exportadores
Realidad del cacao venezolano desde el siglo XVI al siglo XXI

Antonio Silva Sprock
                Durante los siglos XVI, XVII, XVIII e inicios del XIX la tierra que hoy conforma Venezuela fue un importante actor en la producción y en la exportación de cacao en el contexto regional y mundial. Plantaciones de Theobroma Cacao, nombre científico de tan preciado producto, se expandieron por las costas centrales, oriente y el occidente, manteniendo la calidad reconocida en el exterior, aumentando la mano de obra requerida e incorporando hectáreas y más árboles al concierto exportador del producto tan demandado en el Virreinato de Nueva España y en la iberia conquistadora, lo que mantuvo a estas provincias y posteriormente a la Capitanía General de Venezuela, ocupando el primer lugar de exportación mundial del producto, y siendo reconocido nuestro cacao como el de mejor calidad.
                Algunos autores mencionan que el cacao fue traído por los conquistadores desde el Virreinato de Nueva España, aunque existen textos que describen la presencia del fruto y de plantaciones en la región andina (donde se ubica actualmente Mérida) al momento de la llegada de los ibéricos. Otros textos mencionan que la plantación y producción fue fomentada por los holandeses después de la ocupación de la isla de Curazao en 1.634, sin embargo esto puede ser fácilmente invalidado con los libros de la Tesorería correspondientes a 1.607, donde se encuentra registrada la exportación de la incipiente cantidad de cuatro fanegas y media de cacao[1], lo cual permite deducir dos aspectos de gran interés: por un lado se puede afirmar que se había superado los límites de la demanda interna, al menos en la región central, y por otra parte que ya la siembra y producción de cacao existía en la región, desde al menos finales del siglo XVI, ya que el árbol de cacao es de crecimiento lento y debieron pasar varios años para satisfacer la demanda interna y logran exportar cierta cantidad, aunque fuera pequeña.
                Para cuando llegaron los holandeses a las islas caribeñas, ya España consumía grandes cantidades de cacao procedentes del Virreinato de Nueva España y de Guayaquil, y muy pronto la corona comprendió la importancia del producto producida en nuestra provincia, y concedió la exoneración de aranceles o impuestos aduaneros, llamados derechos de almojarifazgo, para las exportaciones con destino a España o al Virreinato de Nueva España, siempre y cuando las embarcadores fueran pobladores de la provincia. Esta resolución estuvo vigente de 1.638 hasta 1.650, favoreciendo en gran medida nuestros productos, por encima del guayaquileño y del novohispano.
                Varios autores han presentado bibliografías donde incluyen las estadísticas de exportación de los siglos XVII hasta finales del siglo XX. Al respecto vemos el crecimiento destacado por Eduardo Arcila Farías[2], quien resalta este incremento durante el siglo XVII, que pasó de trescientos mil quinientas libras castellanas[3] durante el año 1.620 a doscientos mil durante 1.650, y finalizó el siglo con un nivel de exportación de seiscientas cincuenta mil libras castellanas durante 1.699; luego durante la segunda mitad del siglo XVIII exportábamos aproximadamente tres millones de libras castellanas cada año, e iniciamos el siglo XIX con niveles cercanos a diez millones por año.
                El incremento de las exportaciones estuvo influenciada por cuatro razones fundamentales: la exoneración derechos de almojarifazgo, la importación de negros esclavos, el incremento de las plantaciones, extendidas desde los andes al centro y oriente del territorio, y finalmente, pero no menos importante, la creación de la Compañía Guipuzcoana, la cual contribuyó a la creación del primer monopolio de comercio del cacao en nuestras tierras y propició el cultivo ampliamente. Otro factor importante también se debe resaltar, asociado al rendimiento de nuestras plantaciones en comparación con las de Guayaquil, al respecto José Rojas López[4], citando a Eduardo Arcila y a Laviana Cuetos, indica que a finales del siglo XVIII las plantaciones de la región norte costera generaban entre veinticinco y treinta fanegas por cada mil árboles, mientras que las plantaciones guayaquileñas promediaban dieciocho fanegas bajo condiciones tecnológicas similares, con lo cual obteníamos mayor cantidad de cacao con menos plantas.
                Sin embargo no se extendió este escenario ideal durante los años que duró la emancipación venezolana, de hecho el país perdió ante el café la primera posición en productos de exportación, ya que las áreas más afectadas durante la guerra de la independencia fueron las regiones de los valles de Cumaná, Caracas y los de Aragua, estando en estas tierras muchas siembras de cacao. Entre las afectaciones, se tuvieron, en distintas etapas de la guerra: confiscaciones de propiedades de sus oponentes, se produjeron traspasos de haciendas, destrucción de infraestructuras, fuga de esclavos de las haciendas o fueron alistados en el ejército realista o republicano.
                Luego de la conformación del Estado Venezolano, se inició una leve recuperación económica y agrícola, sin embargo cuatro factores contribuyeron a la sustitución del cacao por el café en las estadísticas de exportación[5]: factores agronómicos relacionados a las exigencias de clima, humedad, riegos y suelos bien drenados, facilitando estas aspectos al café, el otro factor es agroeconómico, relacionado al tiempo de vida productiva de la planta y la perdurabilidad del producto almacenado, siendo el café mejor evaluado también; el tercer factor es el económico, relacionado a los mercados mundiales, y esto refleja que los precios del café aumentaron más notoriamente que los del cacao durante todo el siglo XIX. Con estos factores en contra, los niveles de exportación estuvieron en el orden de siete millones de libras castellanas durante el siglo.
                Sin embargo, ceder el puesto de honor ante el café no fue solo lo ocurrido por aquellos años, ya que a mediados del siglo XVIII una enfermedad atacó las plantaciones de la isla de Trinidad, desarrollándose como alternativa una nueva especie que resistía la enfermedad, siendo esta la especie Trinitario, que resulta del cruce de cacao Criollo con Amazónico (Forastero). Y en Venezuela, indica Eduardo González[6], el General Arismendi introdujo semillas de las especies Amazónico y Calabacitas, que injertaron con el criollo, desmejorando así la calidad de los criollos nativos, también hay registros de la introducción de las especies Forastero y Trinitario por Barlovento en 1.825, y de Trinitario por Paria en 1.830. Estas mezclas acabaron con la especie Criollo, que estaba catalogado como de mejor sabor y calidad que los competidores de otras regiones.
                Ya en el siglo XX, el cacao mantuvo importantes niveles de producción, aunque perdió preponderancia ante el café y ante el nuevo rubro, el petróleo, lo que prácticamente hizo desaparecer de las estadísticas mundiales a Venezuela como exportador de cacao (0,6% de la cantidad exportada en el mundo), y llevándonos a un patrón monoproductor, característica que ha contribuido a que nuestra economía, desde mediados del siglo XX y hasta el presente, fluctué en el mismo orden que lo haga la economía petrolera mundial, incluyendo factores multivariados, como las guerras en el medio oriente, la inclusión de nuevas tecnologías, descubrimientos de nuevos yacimientos, la incorporación de nuevos productores o las políticas del cartel OPEP.
                Resultaría extraño que no hubiera ocurrido este desplazamiento del cacao, y en general del agro por parte del petróleo, considerando que su rentabilidad es mayor y más rápida que la rentabilidad cacaotera, siendo la petrolera directamente proporcional a la codicia del dinero rápido y fácil, y ciertamente es más fácil extraer del subsuelo el oro negro, como si del Dorado se tratase, que sembrar extensas hectáreas de plantaciones de cacao, proteger, regar, ver crecer durante años, luego cosechar, procesarlo y extraer sus semillas.
                Por otra parte y como una oportunidad para Venezuela, existe una realidad en los países productores relacionada a sus niveles de desarrollo, ya que algunos de ellos (principalmente los africanos) poseen más problemas sociales, económicos y políticos que nuestro país. De hecho estos productores en muchos casos favorecen prácticas precapitalistas en las relaciones de producción, las cuales implican muy bajos niveles de vida, escaso desarrollo de la productividad, esclavismo moderno y el trabajo infantil[7], y adicionalmente no existen tecnologías de producción que permitan automatizar los procesos asociados a la producción.
                Estos aspectos relacionados al cacao reflejan la importancia del tema para la economía de Venezuela, la importancia de dirigir el país hacia la alternabilidad de las exportaciones y el rompimiento del patrón monoproductor que siempre nos ha acompañado. Sin pretender llevar al cacao a primer rubro de exportación, si resultaría importante desarrollar el rubro como producto de exportación relevante. Al respecto existen actualmente iniciativas interesantes para aumentar la producción[8] [9], pero con muy poco acompañamiento de políticas gubernamentales que protejan, incentiven y ayuden[10]. Es fundamental y necesario una política gubernamental serie, formal y responsable, unas normativas laborales, y unas leyes que apoyen, pero no burocráticas ni excesivamente restrictivas, sino al contrario, que permitan agilizar y facilitar los procesos.
                Aunado al aspecto legal y gubernamental, se requieren algunas otras condiciones para optimizar la producción, tecnificar el procesamiento y poder competir con los exportadores de la región latinoamericana o con los mayores productores de cacao del mundo[11] [12] [13] [14]. Estas condiciones son fortalecer las asociaciones de productores, incentivar el encuentro entre las academias e investigadores con las asociaciones de productores, para así propiciar en los planes expansionistas la participación de investigadores multidisciplinarios, como por ejemplo varias ramas de la ingeniería (agronomía, mecánica, eléctrica, electrónica, computación), economía y estadísticos, entre otros.
                Respecto de la calidad del cacao criollo, reconocido en siglos pasados como el mejor cacao del mundo, se sabe que durante el siglo XX se desarrollaron cacaos con denominación de Origen; Chuao, Carenero, San Felipe, Barcelona, Guasare y Criollo de Mérida, que fueron perdidos por una clasificación manejada por FONCACAO[15], que introdujo el producto Fermentado y Ordinario, ignorando las especies de denominación de Origen indicados previamente, con el agravante que la especie Criollo de Mérida es catalogado como fino y de óptima calidad, según pruebas Organolépticas[16]. De tal forma que ASOPROCAO[17] (creada luego de la desaparición de FONCACAO) podría gestionar las denominaciones de Origen más convenientes y generar el conocimiento para su producción y distribución, y así volver a contar con cacaos de calidad mundial[18].
                De tal forma que podemos afirmar que Venezuela tiene las tierras, el conocimiento, las condiciones ambientales propicias, el talento humano[19] y la historia cacaotera exitosa que acompaño estas tierras y que muchos venezolanos deseamos que se repita[20], para volver a ser importantes exportadores cacaoteros y volver a participar del concierto de producción mundial[21], y como requerimiento básico y necesario inicial, requerimos del apoyo gubernamental que propicie el desarrollo y avance de la industria cacaotera nacional.

Referencias



[1] Representa aproximadamente 225 kg de cacao, y este envío fue realizado junto a 1.432 @ de tabaco (16.468 kg), 7.807 @ de harina (89.781 kg), 651 @ de cueros (7.487 kg), 139 @ de azúcar (1.599 kg), 75 q de zarzaparrilla (3.451 kg), 800 v de lienzo de algodón (669 metros), 45 @ de bizcocho (518 kg) y 25 @ de queso (288 kg).
[2] ARCILA FARIAS, Eduardo. “Economía Colonial de Venezuela”, México, Fondo de Cultura Económica, 1946, p.144.
[3] Una libra castellana fue una unidad de masa utilizada en España y en sus territorios americanos, equivalente aproximadamente a 0,46 kg.
[4] ROJAS LÓPEZ, José, “La producción de cacao en la Venezuela de la segunda mitad del siglo XVIII: ¿grandes o modestas plantaciones?, revista Derecho y Reforma Agraria, Universidad de los Andes, Mérida (Venezuela), 2012, pp.97-98. Disponible en: http://erevistas.saber.ula.ve/index.php/revistaagraria/article/viewFile/6544/6358
[5] CARTAY, Rafael. “historia económica de Venezuela 1830-1900”, Venezuela, Edic. Vadell Hnos, 1988, p.45.
[6] GONZÁLEZ, Eduardo, “El cacao en Venezuela”, Papeles de FUNDACITE, 1999, p.4. Disponible en: http://www.fundacite-aragua.gob.ve/pdf/pf20040507-01cacao_egj.pdf.
[15] QUINTERO, María y CARTAY, Rafael, “El circuito del cacao en Venezuela, 1.990 – 1.999: caracterización y estrategias para mejorar la competitividad”, revista Agroalimentaria, N° 11, 2000, p.62. Disponible en: https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/3229270.pdf.
[16] GONZÁLEZ, Eduardo, “El cacao en Venezuela”, Papeles de FUNDACITE, 1999, pp.8-9. Disponible en: http://www.fundacite-aragua.gob.ve/pdf/pf20040507-01cacao_egj.pdf.

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