La Escuela Milesiana


GÉNESIS DE LA FILOSOFÍA OCCIDENTAL
La Escuela Milesia

Antonio Silva Sprock
Introducción
  La filosofía griega, cimiento del pensamiento filosófico occidental, tuvo su origen en Mileto a principios del VI a.C., ciudad ubicada en jónica del Asia Menor, territorio actual del sector asiático turco. Aquella ciudad costera vivía una realidad geográfica, cultural, económica y política particular, que contribuyeron al génesis de la filosofía occidental en este rincón del mundo, y el surgimiento de la llamada escuela Milesia, de Mileto o Jónica, siendo esto sorprendente, al considerar la existencia de grandes civilizaciones cercanas, como la egipcia y las mesopotámicas, entre las que destacaba Babilonia.
            Este ensayo es una indagación documental, sin pretensiones exageradas de análisis etnohistóricos, ni un examen historiográfico extenso del génesis de la filosofía en esta civilización, más si representa una introducción al origen de la genialidad griega, las realidad de Mileto, la formación de la escuela Milesia y sus tres grandes representantes que destacan, como lo son: Tales, Anaximandro y Anaxímenes, todos “de Mileto”.

Mileto y la Escuela Milesia
            El génesis de la filosofía occidental ocurrida en la Grecia antigua del siglo VI a.C., merece detenerse a analizar aquella civilización emplazada alrededor del mar Egeo, y para ello nos detendremos en la pregunta planteada por Bertrand Russell, en su obra Historia de la Filosofía Occidental: “¿Qué había sucedido en Grecia y en las regiones próximas antes de ese tiempo?”[1], el estudio del surgimiento de aquella civilización, por mérito propio, es digna de estudio, de conjeturas, de comparaciones y de trasladar la imaginación a aquellos años, para intentar entender como y porque ocurrió este sorprendente surgimiento de la genialidad griega, del pensamiento filosófico occidental, o simplemente, del pensamiento occidental.
            Sin embargo este ensayo abarca el origen de la escuela de Milesia, sufriendo así una incómoda abstracción de tan extenso e interesante contexto, que podría iniciar con la civilización Minoana de Creta y su posterior influencia en la civilización Micénica en Grecia continental, continuando con la conquista de los jonios, aqueos y dorios, y posteriores migraciones internas, fundación de ciudades y formación de las polis. Estas polis generalmente fundadas en costas o islas del territorio, fueron pequeños estados independientes, que no dependían de las polis madres, gozaban de autodeterminación desde su fundación y frecuentemente entraban en batalla con sus creadoras. Estaban formadas por una ciudad y cierto territorio agrícola alrededor, siendo muy variado el nivel de civilización a lo largo del territorio griego y solo una minoría de ellas participó en el genio griego, entre ellas se encuentra Mileto, la metrópoli del Asia Menor, donde inició la filosofía occidental y previamente, aunque no en Mileto pero si en territorio jónico, la épica homérica.
            Mileto fue fundada en el año 800 a.C. por Atenas y gracias a la ubicación geográfica, rápidamente se convirtió en una de las ciudades portuarias más importantes de la Hélade, siendo el mayor emporio mercantil y naviero jónico y poseía una envidiable marina de guerra. Sus mercaderes y marinos se podían ver por todos los puertos del Mediterráneo. Heredaron de los fenicios el tráfico de esclavos y metales, y mantuvo una férrea lucha de clases entre ricos y pobres libres, sin embargo experimentó importante desarrollo económico, político e intelectual durante los siglos VII y VI, al igual que varias ciudades de la Grecia Jónica.
            Durante el siglo VI la democracia griega se practicaba en Mileto, y la ciudad mantenía buenas relaciones y un importante intercambio comercial, diplomático, cultural, técnico y militar con diferentes regiones, como: el reino de Lidia, los carios, frigios y con Egipto. Al respecto indica Ángel Cappelletti: “la influencia oriental se transmitía a los Jonios tanto por el contacto como por la sangre”,[2] ya que los pobladores solían contraer matrimonio con vecinos de reinos cercanos. De igual forma, Mileto tenía mucha influencia de las viejas culturas de Oriente. Jaeger afirma: “Siempre podremos especular sobre la influencia en Grecia de los mitos orientales acerca de la creación y por las creencias babilónicas de conectar todos los acontecimientos terrenales con las estrellas”[3]. Se debe resaltar que aquellas regiones que nutrieron ampliamente a la civilización griega no tenían filosofía, de tal forma que en estas relaciones no pudo haber transferencia de sistemas, doctrinas, métodos ni conceptos filosóficos, pero si hubo técnicas, arte, poesía, religión, mitología a veces muy racionalizada, que se concretaron en teogonías, como la de Hesíodo, y posteriormente en cosmogonías complejas, hubo ciencia práctica y en cierta medida ciencia teórica; en fin, “hubo una sabiduría moral y política”.[4]
            Culturalmente en Mileto, como en otras polis, “para los intelectuales la trinidad del poeta, el filósofo y el político, agrupaba el modelo de hombre ideal de gobierno, de igual forma entre la política y la filosofía no existían barreras, sino una estrecha relación, y finalmente todos los pensadores, artistas, estadistas, fuesen defensores de la democracia, aristocracia, tiranía u oligarquía, daban por correcta y eterna a la esclavitud".[5]
            En términos religiosos, vemos en Homero “dioses humanos, inmortales y con poderes sobrehumanos, son seres que no crearon el mundo, simplemente lo conquistaron, de tal forma que no se ocupan del gobierno, de promover agricultura, ni del comercio, simplemente viven de las rentas y castigan con el rayo al moroso, solo temen a su propio rey y solo mienten en el amor y en la guerra”.[6] Se asume que esta religión antropomórfica allanó el terreno al despejarlo de maleza demoníaca, espectral y espiritual, y personificar en los dioses los fenómenos naturales y sus causas. Otro aspecto importante está en el culto a Dioniso o Baco, quien “ofrece la idea de un dios desacreditado asociado a la embriaguez, al vino y a la impudencia y falta de previsión”[7], que es lo que distingue al hombre civilizado del salvaje. Dioniso era un dios tracio, pero se desconoce cuándo emigró su culto de Tracia a Grecia, y este culto en su manera original, era salvaje y algo repulsivo. Sin embargo “no fue bajo estas características que influyó en los filósofos, sino en la forma espiritualizada atribuida a Orfeo, donde se sustituyó a embriaguez física por la mental".[8]
            En este Mileto del siglo VI nació Tales (640-546 a.C.), a quien algunos autores le atribuyen origen fenicio por su madre y algunos otros por el padre, aunque de cualquier forma, de ser cierto este origen, ratifica la idea ofrecida por Cappettelli previamente. Representa el primer filósofo y el primer hombre de ciencia de Grecia y de Occidente, creador de la escuela de Milesia y de la filosofía. Viajó por muchas regiones, entre ellas Egipto, donde aprendió geometría y matemáticas con los sacerdotes, de hecho se le atribuyen cálculos de: distancias de barcos utilizando geometría, la altura de la pirámide de Keops midiendo la sombra que proyectaba, un eclipse en el 585 a.C., cuyo cálculo quizás fue aprendido de los Babilónicos y le dio gran fama y renombre por toda Grecia; también se le atribuye haber ganado mucho dinero al predecir una buena cosecha de olivos[9] y perfeccionó el razonamiento deductivo y la demostración, aportando varios teoremas: proporcionalidad de los segmentos cortados por rectas paralelas, el cual lleva su nombre, la bisección del círculo, la igualdad de los ángulos de la base en un triángulo isósceles, la igualdad de los ángulos opuestos por el vértice y el triángulo diametral. Sin embargo el gran mérito de Tales estuvo en “dar el salto cualitativo hacia la interpretación material de la naturaleza, buscando el origen de las cosas en las cosas mismas, en su composición material, colocando en la naturaleza lo que sus antepasados colocaban en el Olimpo, consiguiendo la transposición de lo mítico a lo material, de la divinización de la naturaleza a la investigación de la naturaleza y de la teogonía a la cosmogonía”,[10] sin embargo esta concepción material requería una generalización en un elemento único creador, un arché o arjé.
            Tales atribuyó al agua ese elemento original, siendo su arché de donde se forman todas las demás. Sostenía que el universo era como una campana invertida con las estrellas fijadas a esta y en cuyo centro flotaba la Tierra. Este universo, para todos los filósofos prearistotélicos[11], “representaba una sola substancia dotada de vida propia, y cuya fuerza, capacidad o principio de moverse por sí mismo, recibía el nombre de physis (o arché, si se le enfocaba desde la perspectiva de la fuente de dicho movimiento interior)”.[12] Sin embargo, el filósofo no explicó la creación cósmica, siendo su discípulo y amigo, Anaximandro quien “propuso que el agua no es increada ni puede ser el origen de todos los cielos y los universos contenidos en ellos”.[13]
            Anaximandro de Mileto (610-547 a.C.), propuso una concepción total del problema de los orígenes, del arché (o estofa, en el sentido de causa exterior ilimitada), el cual no podía ser un elemento físico finito, sino algo infinito, indefinido, indeterminado, indestructible, al cual llamó ápeiron, que todo lo incluye y todo lo gobierna, no tiene origen ni tendría comienzo, pues no tendría fin. Este filósofo superó a su maestro en dos sentidos: concibió el arché de las infinitas cosas del universo como lo infinito mismo de las cosas, como la unidad infinita de ellas o como la totalidad, y en segundo sentido, concibió lo infinito no estático y siempre igual a sí mismo, sino en constante movimiento por la oposiciones internas, choques de contrarios y la división y unidad, ya que lo infinito cambia infinitas veces en la infinidad del tiempo.
            A este se le atribuye ser el primer creador de un mapa, afirmaba que la Tierra era cilíndrica y midió su diámetro, comprobó que la luna recibe luz del Sol, estableció las bases de un orden geométrico y matemático universal y hasta construyó un reloj solar en Esparta. Este filósofo tuvo de compañero y discípulo a Anaxímenes, también discípulo de Tales.
            Anaxímenes, el tercer y último filósofo de la escuela Milesia, consideraba que el ápeiron era el aire, ya que el alma es aire y nos mantiene unidos; este aire rodea todas las cosas. Indicaba que “cuando se condensa el aire se convierte primero en agua, luego, si se condensa más, en tierra, y finalmente en piedra. Esta teoría tiene el mérito de hacer cuantitativas todas las diferencias entre las diversas sustancias dependiendo completamente del grado de condensación”.[14] Atribuía forma de tabla redonda o disco a la Tierra, y por supuesto que estaba rodeada de aire. Este aire no puede ser medido ni visto y es entonces considerado como physis en su justa medida.
            Este filósofo dedicó especial interés al estudio de fenómenos celestes, formuló una explicación de la naturaleza de los vientos y las nubes, de la lluvia, el granizo, la nieve; estudió las causas de los truenos, relámpagos y del arco iris. Desarrolló una teoría de los sismos y distinguió con claridad planetas y estrellas. Fue en la antigüedad más admirado que Anaximandro y ejerció una influencia importante sobre Pitágoras y sobre gran parte de los filósofos posteriores, por ejemplo los atomistas se apegaban a la idea de la tierra en forma de disco de Anaxímedes. Con él finalizó la escuela Milesia, ya que en el año 494 a.C. Mileto fue destruida luego de la ocupación por los persas, lo que obligó a huir a muchos pobladores hacía el sur jónico para salvar sus vidas o no terminar esclavizados por los vencedores. A pesar de la destrucción, el persa Darío desconocía que no podría destruir el génesis de pensamiento filosófico, que continúo en ciudades griegas de la Italia meridional, tornándose más religiosa, particularmente más órfica, y de aspectos menos científico que los milesios.

Conclusión
            El gran mérito de los filósofos de la escuela Milesia fue por primera vez promovieron abiertamente la lucha de la razón (logos) contra el mito, de esta forma allanaron el transitar de la humanización mitológica de la naturaleza al descubrimiento de la naturaleza como previa y causa del hombre. “Estos genios griegos forjaron una unidad cultural, en la que figuraba el arte, la religión, la política y la filosofía, no tanto racional y universal, sino bello y espiritual, lo que lograban era una expresión de la totalidad de la experiencia humana”.[15]
            De igual forma, estos pensadores reconocieron, con cierta limitación, la existencia de la materia como fuente del conocimiento y al buscar las explicaciones utilizaron un método inductivo-deductivo sobre la hoja en blanco del logos naciente.
            Y más importante aún, sus especulaciones deben ser consideradas como hipótesis científicas y cuestiones legítimas que inspiraron a los filósofos siguientes en diferentes polis de la Grecia Antigua, y así al naciente “pensamiento occidental”.        



[1] Russell, Bertrand. Historia de la filosofía occidental, tomo I, edición en español, España; 1era ed., 1973, p.27.
[2] Cappelletti. Ángel. Inicios de la filosofía griega. Editorial Magisterio S.A. Caracas, 1era ed., 1972, p.17.
[3] Jaeger, Werner. La teología de los primeros filósofos griegos. Fondo de Cultura Económica, México, 3ra ed., 1982, p.24.
[4] Cappelletti. Ángel. Inicios de la filosofía griega. Editorial Magistério S.A. Caracas, 1era ed., 1972, p.22.
[5] Puiggros, Rodolfo. Los orígenes de la filosofía, Ed. Jorge Álvarez, S.A., Argentina, 1966, p.79.
[6] Russell, Bertrand. Historia de la filosofía occidental, tomo I, edición en español, España, 1era ed., 1973, p.33.
[7] Idem, p.36.
[8] Idem, p.37.
[9] Idem, p.45. Se puede extender la lectura de la historia de los molinos de aceite.
[10] Puiggros, Rodolfo. Los orígenes de la filosofía, Ed. Jorge Álvarez, S.A., Argentina, 1966, p.81.
[11] Aristóteles estableció claras diferencias entre physis y arché.
[12] Madrid, Raúl. El concepto normativo de physis en Tales de Mileto. Revista Chilena de Derecho,v.22, n°1,1995, pp.61-78.
[13] Puiggros, Rodolfo. Los orígenes de la filosofía, Ed. Jorge Álvarez, S.A., Argentina, 1966, p.92.
[14] Russell, Bertrand. Historia de la filosofía occidental, tomo I, edición en español, España; 1era ed., 1973, p.46.
[15] McNabb, D. [Darin McNabb]. (2018, noviembre 4). La Fonda Filosófica: Hegel y la fenomenología del espíritu, pt 2. [Archivo de video]. Recuperado de https://www.youtube.com/watch?v=trLWg9PBEJw

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